Estos últimos días/semanas/meses/años los editores de prensa no paran de darle vueltas a la posibilidad de ponerle precio a sus contenidos en la red. Los sitios web que las cabeceras abrieron en su día por aquello del hay que estar, y que no eran más que un apéndice para minorías, se han convertido en una de las principales vías que utilizan los ciudadanos para acceder a la información. Aún sin tener en cuenta la crisis (si es que esto es posible) los periódicos han perdido ingresos porque cada vez se compran menos ejemplares en papel y porque los anunciantes buscan plataformas más rentables. Lo que antaño era un negocio que producía pingües beneficios se ha convertido en una sangría de pérdidas a la que no se le ve el final.
Ahora los directivos de las empresas editoras andan investigando argumentos para defender que la gente pague por la información. Se olvidan de que la radio y la televisión hace tiempo que se buscaron las habichuelas por otros derroteros, e ignoran (o no quieren ver) que la red es una plataforma tan potente que, hoy, ya no son ellos los que tienen la sartén por el mango.
Los paisajes que se empeñan en pintar son tan inverosímiles que llevarían a la risa si la situación no fuera tan grave. Hasta tal punto están faltos de soluciones y desorientados que, hace unos días, en una charla dirigida a profesionales, el subdirector de un periódico valenciano apuntó que estaban pensando dejar su edición web en la mínima expresión en cuanto a costes se refiere, y que su edición en papel habría de hacer lo posible por fidelizar a los mayores de 55 años "porque son los que tienen mayores problemas para manejarse por internet". No porque sean su público objetivo desde el punto de vista de cultura, poder adquisitivo, ideología... No. Simplemente porque, según él, los mayores de esa edad tienen problemas para manejarse con el ordenador y, por tanto, no les queda más remedio que comprar la prensa si quieren enterarse de algo. Quise buscar la ironía en sus palabras, pero fui incapaz de hallarla, y lo mismo le sucedió al resto de asistentes.
Se le podría responder a esta lumbrera que, dando por buena su argumentación, a su periódico le quedan como mucho 12 años de vida. Éste es el tiempo que transcurrirá entre el día de hoy y cuando el actual valenciano de 55 años se jubile, momento en el que dejará de comprar el periódico en papel porque no se lo permitirá su pensión.
Pero también hay más respuestas. Los actuales mayores de 55 años que "no se manejan bien con internet" no son precisamente el perfil tipo de comprador de periódico, ni cultural ni económicamente. Y después está esa pretendida invalidez tecnológica de los mayores de 55 años. Yo me acerco a esa edad a velocidades insospechadas y no creo que me convierta en analfebeto funcional para la web de aquí a nada. Y mi madre, bien sobrepasados los setenta, se maneja cada vez mejor con el explorador y la inestimable ayuda de Google.
Los editores de diarios en papel deberían admitir que su modelo tradicional de negocio está en vías de extinción, como lo estuvo el de criador de caballos con la aparición del automóvil. Y también deberían pensar que, hoy, pretender cobrar por ofrecer información en internet es algo tan inútil como echar forraje en los depósitos de los coches. Así no funciona, ni funcionará, la cosa.